Durante años, he observado el profundo impacto que la naturaleza tiene en el bienestar de los niños. Pero, ¿qué sucede cuando diseñamos intencionadamente un espacio verde para sanar y potenciar el desarrollo? Ahí es donde mi trabajo cobra un nuevo sentido, especialmente si debo enfocarme en el paisajismo para niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
No se trata simplemente de crear jardines bonitos (como siempre te digo), sino de construir entornos vivos que respondan a necesidades específicas. Jardines que abrazan sin la incomodidad que pueden generar los brazos o el picor de la ropa sobre el cuerpo.
¿Y cómo se logra ese abrazo sensorial? Se consigue al diseñar espacios que actúan como una intervención segura y no farmacológica, donde cada elemento tiene un propósito. Este abrazo se materializa en zonas de bajo estímulo donde un niño puede refugiarse al sentirse abrumado , y en áreas que invitan a una exploración controlada a través de aromas suaves como la lavanda o texturas diversas en las hojas de las plantas.
Ese abrazo se siente también en el acto de cavar en la tierra o cuidar una planta, actividades que no solo reducen el estrés y la hipersensibilidad, sino que además fortalecen la motricidad fina y gruesa; habilidades cruciales para el día a día.
El porqué es claro: estos jardines aprovechan la neuroplasticidad del cerebro infantil. Fomentan la calma al reducir los niveles de cortisol, promueven la interacción social en un entorno que no exige habilidades verbales complejas y ofrecen un campo de entrenamiento práctico para el desarrollo de habilidades motoras y vocacionales. Vemos cómo los niños, al colaborar en tareas de jardinería, aprenden de forma natural normas de convivencia y pasan de actividades solitarias a interacciones en grupo.
He condensado en un artículo parte de mi investigación y los principios clave detrás de esta mirada en el correo que hoy recibieron mis suscriptores, y en el que compartí algunas de las estrategias de diseño, la selección de plantas y los otros elementos que transforman un simple jardín en una poderosa herramienta terapéutica.