Hace poco me comentaron en un congreso que en algunos espacios sanitarios (hospitales) no permitían colocar plantas debido a las alergias, y me preguntaron si yo las tenía en cuenta en mis diseños.
Mi respuesta, además de ser afirmativa, incluía que el problema no era solo la producción de alérgenos, sino también la capacidad de atraer insectos como las abejas, que pueden generar inconvenientes.
Y lo que te cuento hoy no es un análisis reciente. Durante mucho tiempo trabajé en una idea sencilla pero que creo que tiene potencia: un jardín puede convertirse en un aliado para respirar mejor cuando se lo diseña desde la salud y no solo desde la estética. (Mi hija sufría de asma hasta que atravesó su adolescencia, mientras que mi hijo mayor, al atravesar la suya, comenzó a sufrir de alergias en la primavera y mi objetivo era hacer más simple su tránsito por esta etapa del año). Este fue el corazón del enfoque salutogénico que fuimos bajando a decisiones concretas de espacio, especies y mantenimiento seguro para vías aéreas sensibles.
Este artículo comparte ese recorrido, valida los puntos críticos con evidencia científica y deja un marco práctico para crear lugares que filtran irritantes, calman el sistema nervioso y dan control a quienes conviven con asma o rinitis, sin resignar belleza ni biodiversidad.
¿Por qué importa?
Como bien sabes, la exposición cotidiana a verde reduce estrés y mejora parámetros fisiológicos, pero en personas con asma el diseño importa porque no todo lo verde beneficia por igual y, además de polen y esporas, la contaminación ambiental y el material particulado fino, específicamente las partículas menores a 2.5 micrones y las menores a 10 micrones (PM2.5/PM10) pueden agravar síntomas y desencadenar exacerbaciones.
En contextos urbanos, la selección y distribución de especies debe contemplar su capacidad para filtrar partículas y amortiguar polvo eólico. La evidencia clínica y poblacional vincula la exposición a NO2, O3 y partículas con peor control del asma y mayor uso de medicación de rescate, por lo que elegir bien deja de ser accesorio y se vuelve una intervención sanitaria de primer orden.
Y te cuento un dato significativo: la prevalencia del asma en mi provincia, Mendoza, se estima en un 10% de su población. Esta cifra es notablemente superior al promedio global, considerando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que el asma afecta a más de 260 millones de personas en el mundo (con una prevalencia estimada en torno al 4-7% a nivel general).
La regla de oro es priorizar plantas entomófilas (polinizadas por insectos) y reducir al mínimo las anemófilas (polinizadas por viento), que liberan granos ligeros y ampliamente inhalables, al tiempo que se minimizan fuentes locales de polvo mediante coberturas de suelo estables y superficies que no se resuspendan con vientos secos como el Zonda. Entre los grupos de mayor riesgo en espacios urbanos siguen destacando árboles anemófilos (plátanos, cipreses, abedules, fresnos, robles, álamos, olivos) y gramíneas ornamentales en flor, cuyo impacto se potencia cuando coinciden con días de mala calidad de aire o eventos de polvo en suspensión.
Un paisaje de baja alergenicidad se logra combinando especies insecto‑polinizadas, floraciones discretas y follaje denso que capture partículas, con aromáticas suaves y humedad controlada para no favorecer hongos, más la incorporación deliberada de setos y pantallas vegetales que intercepten PM2.5/PM10. Esto se traduce en setos perennes compactos como barrera de borde, arbolado de sombra con polen poco volátil, herbáceas de baja emisión y coberturas continuas que supriman polvo suelto, ubicando las especies aromáticas en zonas de paso y no de estancia.
Con todo ello en mente podemos crear microclimas que protegen, porque el jardín puede comportarse como un biofiltro amortiguando el viento, bajando la temperatura por evapotranspiración y capturando PM2.5/PM10 con superficies foliares adecuadas, reduciendo el transporte de polen y partículas hacia las áreas de permanencia, algo especialmente valioso en jornadas de polvo eólico o tránsito intenso. Setos y pantallas perimetrales de hoja perenne y buena porosidad han mostrado reducir sustancialmente la exposición a partículas (incluso más del 50% en proximidad a vías) cuando son continuas, suficientemente densas y con hojas rugosas o pubescentes, favoreciendo especies siempreverdes para rendimiento anual. Para climas con vientos secos y polvorientos, conviene orientar las barreras según la dirección dominante y evitar monocultivos de anemófilas, combinando densidad y profundidad de seto para mejorar la retención sin bloquear por completo la ventilación.
Pero, aunque el polen es el principal gatillo, las fragancias intensas de ciertas flores pueden irritar vías aéreas sensibles, por lo que los aromas deben ser suaves, situados en bordes de circulación y nunca envolventes en áreas de descanso. Aromáticas como lavanda o tomillo, en pequeñas manchas y lejos de bancos o mesas, funcionan mejor que especies de emisión persistente o perfiles mentolados penetrantes, que conviene relegar o evitar.
Hoy no te daré una listas universal de plantas (aunque te comparto algunas más que aquí en mi correo), porque lo efectivo es aplicar criterios como evitar anemófilas y cultivares de alta emisión, preferir flores conspicuas entomófilas y priorizar follajes que capturen partículas, comprobando sensibilizaciones locales con alergistas y calendarios de polen. La evidencia clínica y aerobiológica respalda que reducir fuentes cercanas de polen y diversificar la composición evita picos sinérgicos de exposición, especialmente en ciudades con plantaciones uniformes o exceso de ejemplares masculinos en especies dioicas.
Mantenimiento que cuida
El mejor diseño falla sin mantenimiento sanitario: retirar hojarasca y material en descomposición para limitar hongos, compostar fuera de áreas de uso, regar por la mañana con goteo y evitar riegos nocturnos que dejen follaje húmedo. En céspedes, mantener bajo y cortar antes de espigar reduce liberación de polen, y para jardinería de usuarios alérgicos conviene preferir días y horarios de menor recuento de polen y usar protección personal si hace falta.
Para finalizar qué más te puedo decir que…
Respirar sin miedo también es una cuestión de diseño: cuando cada sendero, sombra y planta se elige con intención salutogénica, el jardín deja de ser un riesgo difuso y se vuelve un pulmón amable que acompasa la vida diaria de quienes conviven con asma o rinitis. Ese es el estándar que nos propusimos: belleza que cuida, evidencia que guía y mantenimiento que sostiene, para que la naturaleza vuelva a sentirse como casa y no como amenaza.
Y una última cosa, como creo que en el tema del artículo de hoy hay muy poco material disponible, he escrito un informe técnico bien detallado que puedes encontrar en Amazon.