Del jardín interior a los paisajes que cuidan
Los siete arquetipos de Julie Moir Messervy son una brújula creativa y humana para pensar jardines que tocan la psique: Mar, Cueva, Puerto, Promontorio, Isla, Montaña y Cielo; patrones espaciales que resuenan con experiencias primordiales y que activan memoria, calma y sentido de pertenencia. Pero lo que hace verdaderamente revolucionario el trabajo de Messervy es que estos arquetipos no son meras categorías estéticas: corresponden al viaje completo de la vida humana, desde el nacimiento hasta la trascendencia. Me baso en estos arquetipos para traducirlos en métricas y experiencias de jardines salutogénicos y terapéuticos, donde la forma espacial es una herramienta de cuidado, regulación emocional y resonancia con nuestras etapas vitales más profundas.
Julie abrió una vía poderosa entre diseño, psicología profunda y espiritualidad práctica, con una mirada que honra tanto la tradición japonesa como la investigación aplicada desde su tesis en el MIT. En Contemplative Gardens (1990) y luego en The Inward Garden (1995), convirtió los arquetipos en un marco vivo: primero para leer paisajes contemplativos y después para guiar procesos personales de diseño con memoria, emoción y etapa vital. Su trabajo nos recuerda que el jardín exterior es espejo del jardín interior, y que cada espacio que habitamos nos devuelve al lenguaje ancestral de nuestras primeras experiencias de vida.
Los arquetipos como viaje de vida
Messervy descubrió que los arquetipos espaciales poseen “una hermosa circularidad” que refleja todo el ciclo vital humano:
Mar: El origen, el útero materno. Representa la inmersión total, la sensación de estar rodeado y sostenido por un vasto todo. Es la protección, unidad y misterio del estado prenatal.
Cueva: El nacimiento y la emergencia. Simboliza el refugio, un lugar de protección e introspección desde el cual se puede observar el mundo exterior. Es el primer espacio de seguridad e intimidad tras el nacimiento.
Puerto: La primera infancia temprana, cuando uno es sostenido en el regazo de los padres. Ofrece un refugio seguro y acogedor, un punto de transición entre la inmensidad del mar y la seguridad de la cueva. Representa la bienvenida, calma y contención parental.
Promontorio: La fase de exploración infantil y aventura hacia el mundo. Un punto de observación elevado que se adentra en un espacio abierto, ofreciendo perspectiva amplia y una sensación de dominio y libertad. Representa el primer alejamiento de los padres, la exaltación y la aventura.
Isla: La adolescencia e individuación. Representa un lugar de retiro y soledad, un mundo en sí mismo que invita a la auto-reflexión y al descubrimiento personal. Es la independencia, claridad y enfoque del proceso de separación.
Montaña: La adultez. Simboliza el desafío, el ascenso hacia una meta y la recompensa de una perspectiva más elevada y una comprensión más profunda. Representa el logro, la aspiración y el asombro propios de la madurez.
Cielo: La vejez y la trascendencia espiritual. Evoca la inmensidad, lo ilimitado y lo trascendente. Representa la conexión con algo más grande que uno mismo, antes de retornar a la tierra y comenzar de nuevo. Es expansión, libertad y espiritualidad.
De arquetipos a salud
Cuando diseño con arquetipos, no estoy solamente componiendo formas. Estoy invocando la memoria corporal, activando los estados de cuidado que nuestro cuerpo reconoce desde antes de nacer. Cada arquetipo se traduce en decisiones espaciales y protocolos terapéuticos específicos:
Mar: Inmersión y sostén; usar masas vegetales, bordes fluidos y sonoridad hídrica que inducen contención sensorial y bajan la carga alostática, recreando esa sensación de envolvimiento primordial.
Cueva: Refugio e introspección; microespacios de sombra, asientos envolventes y límites que favorecen seguridad percibida y pausa, convocando la protección del primer espacio.
Puerto: Umbrales amables; transiciones legibles que amortiguan del bullicio al silencio y regulan el ingreso atencional, ofreciendo la contención del regazo materno en la arquitectura del paisaje.
Promontorio: Perspectiva y agencia; miradores accesibles que expanden horizonte y autoeficacia, clave en protocolos de activación positiva y en la recuperación de la libertad exploratoria.
Isla: Foco y autonomía; “islas” de tarea o contemplación para terapia individual, sin aislar del soporte del conjunto, favoreciendo ese movimiento adolescente de diferenciación.
Montaña: Desafío medido; gradientes y hitos que permiten sentido de logro sin fatiga ni riesgos, útil en rehabilitación suave y en la restauración de la dignidad adulta.
Cielo: Trascendencia y expansión; cielos abiertos, luz y líneas de fuga que alivian rumiación y promueven respiración amplia, conectando con lo sagrado de estar vivo.
Estos jardines no son un estilo, sino condiciones para la experiencia: secuencia-ritmo, multisensorialidad y legibilidad emocional del espacio. La selección vegetal, el agua, la luz-sombra y la topografía se orquestan para provocar estados de recogimiento, restauración atencional y memoria positiva, especialmente vinculada a vivencias de infancia protegida. Porque cuando un paciente, un usuario o un visitante entra en un espacio que evoca el puerto de su infancia, su sistema nervioso relaja. Cuando encuentra una isla donde reflexionar, su yo más frágil halla acogida. Cuando se planta ante un promontorio, accede nuevamente a su capacidad de asombro.
Lo contemplativo en Julie evita caer en “clínico”: convoca pausa, significado y comunidad en parques, botánicos o recintos históricos. Mi aporte es conectar esa cualidad con resultados de bienestar en contextos de salud, educación y ciudad, sin despojar al jardín de su potencia simbólica ni de su diversidad cultural. Los arquetipos de Messervy no pretenden ser universales en el sentido de borradores homogeneizantes; al contrario, son patrones profundos que cada cultura, cada comunidad, cada persona expresará según sus propios lenguajes, plantas y geografías.
Su marco de arquetipos es la base desde la cual recomiendo intervenciones de neuropaisajismo terapéutico y jardines salutogénicos. En mi libro “Paisajes que cuidan. El método MEDS” desarrollo cómo cada arquetipo se traduce en decisiones espaciales, protocolos de uso, métricas de impacto y, sobre todo, en la experiencia vivida de quienes habitarán esos espacios. Messervy abrió la puerta; el desafío ahora es operativizar esa comprensión arquetípica para que el paisaje sea realmente terapéutico.
Si este enfoque te hace sentido, podés suscribirte a mi correo para recibir artículos, casos y herramientas aplicadas sobre jardines que cuidan. Allí amplío estos conceptos y comparto cómo operativizarlos en proyectos reales con el método MEDS. Porque el viaje de la vida merece espacios que lo reconozcan, lo honren y lo acompañen en cada etapa.