Cuando Kevin Lynch transformó mi visión del paisaje terapéutico

Hace años que vengo reflexionando sobre cómo diseñamos espacios verdes para personas con necesidades cognitivas especiales. Mi formación con la arquitecta Berta Brusilovsky en accesibilidad cognitiva me abrió aún más los ojos a una realidad que muchos profesionales del paisajismo aún no consideramos: no todos navegamos el espacio de la misma manera.

Fue entonces cuando descubrí el trabajo de Kevin Lynch, un urbanista del MIT que en los años ’60 revolucionó nuestra comprensión sobre cómo las personas forman mapas mentales de su entorno. Sus teorías, originalmente pensadas para ciudades, se convirtieron en la base científica de mi práctica profesional en jardines terapéuticos.

Y como todos, siempre experimentamos momentos eureka en nuestras vidas personales y profesionales, uno de los míos vino de la mano de los cinco elementos de Lynch.

Lynch identificó cinco elementos fundamentales que usamos para orientarnos: senderos, bordes, distritos, nodos e hitos. Cuando se aplican estos conceptos a los proyectos para un centro geriátrico, por ejemplo, todo cambia. Ya no se diseña solo “jardines bonitos”; se están creando “bibliotecas espaciales” donde cada elemento tiene un propósito cognitivo.

Ahora puedo ayudarte a visualizar cómo se transformaría lo que sería un sendero recto convencional en un circuito cerrado con texturas diferenciadas. Imagina a residentes con demencia caminando más autónomamente, siguiendo intuitivamente las señales táctiles que los guían de vuelta al punto de partida. Los comederos de pájaros dejarían de ser simples decoraciones para convertirse en hitos que anclen sus recuerdos espaciales.

Y el concepto más poderoso que Lynch me enseñó fue la “imageabilidad”, esa capacidad única de un espacio para crear imágenes mentales vívidas y memorables. Ahora entiendo que diseñar jardines terapéuticos significa crear escenas que se graben naturalmente en la memoria: imagino el banco bajo el cerezo que siempre está en flor, la fuente que suena diferente según la estación, el huerto donde las hierbas aromáticas despiertan recuerdos olfativos.

La formación con la arquitecta Berta Brusilovsky me enseñó que la accesibilidad cognitiva no es una adaptación posterior, sino un principio fundamental de diseño. Pero fue Lynch quien me mostró cómo materializar esa filosofía en el paisaje.

La teoría convertida en impacto

Mi metodología de diseño actual es un diálogo constante entre las enseñanzas de ambos maestros. El diseño de bordes sutiles con vegetación materializa los “límites” de Lynch para generar seguridad sin claustrofobia. La creación de zonas diferenciadas (áreas contemplativas, huertos terapéuticos, espacios de trabajo) establece “distritos” que facilitan la formación de mapas mentales claros.

Pero lo más revelador es entender cómo estos principios benefician universalmente a todos los usuarios, no solo a quienes tienen necesidades cognitivas especiales. La teoría de Lynch demuestra que cuando los espacios son cognitivamente legibles, se produce un fenómeno de navegación intuitiva en el que las personas se orientan naturalmente, encuentran destinos con facilidad y experimentan esa sensación de que los espacios “simplemente funcionan”.

Un legado que sigue vivo

Hace más de seis décadas, Kevin Lynch escribió sobre cómo los seres humanos procesamos y recordamos el espacio urbano. Hoy, sus teorías siguen siendo la base científica más sólida para crear jardines que honren la dignidad humana y promuevan la autonomía.

En cada proyecto, siento que estoy rindiendo homenaje a su genialidad predictiva. Sus fundamentos teóricos se materializan como herramientas concretas de inclusión social, demostrando que el buen diseño trasciende disciplinas y generaciones. Lynch nos enseñó que el espacio no es neutral; tiene el poder de transformar vidas. Y esa es exactamente la responsabilidad que asumo cada vez que diseño un jardín terapéutico.

Si este enfoque de jardines cognitivamente accesibles te ha inspirado tanto como a mí me transformó descubrir a Lynch, te invito a suscribirte a mi newsletter. Cada semana comparto reflexiones más profundas sobre neurociencia aplicada al paisaje, casos de estudio de jardines terapéuticos, y herramientas prácticas para implementar estos principios en tus propios proyectos. Porque creo firmemente que cuando más profesionales comprendamos cómo el diseño puede transformar vidas, más espacios verdaderamente inclusivos crearemos juntos.

Creo que el diseño consciente es contagioso, ¿tú que opinas?

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