Aaron Antonovsky y la revolución que cambió mi forma de entender la salud

Hace unos años descubrí a un sociólogo que literalmente transformó mi manera de ver el bienestar y la salud: Aaron Antonovsky.

Por mis escritos y ponencias es más que evidente que su modelo salutogénico se ha convertido en una de mis grandes inspiraciones profesionales, y hoy quiero compartir contigo por qué creo que todos deberíamos conocer su trabajo.

Pero antes de comenzar quiero invitarte a suscribirte a mi boletín semanal en el que hoy he desarrollado más cada uno de los aspectos que aquí encuentras. Y una cosa más, si no verificas tu correo, te seguirás perdiendo la información que comparto.

Continuando…

¿Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas florecen incluso en la adversidad?

Antonovsky se hizo esta misma pregunta cuando estudiaba a sobrevivientes del Holocausto. Lo que encontró lo sorprendió: muchas de estas personas, a pesar de haber vivido traumas inimaginables, mantenían altos niveles de bienestar. Esto lo llevó a plantear algo revolucionario.

En lugar de preguntarse “¿por qué la gente se enferma?” (que es lo que hace la medicina tradicional), decidió preguntarse “¿cómo es que la gente logra mantenerse sana?”. Parece simple, pero este cambio de perspectiva lo cambió todo.

De sus investigaciones nació lo que él llamó el Sentido de Coherencia (SOC), que se basa en tres pilares fundamentales:

  1. Comprensibilidad: ¿Puedo entender lo que me pasa? ¿El mundo tiene sentido para mí?
  2. Manejabilidad: ¿Tengo los recursos para enfrentar lo que viene? ¿Puedo hacer algo al respecto?
  3. Significatividad: ¿Vale la pena el esfuerzo? ¿Mi vida tiene propósito?

Y si ahora te preguntas… ¿Por qué me inspira tanto este modelo?

La respuesta es simple, es porque nos devuelve el protagonismo. En lugar de esperar a enfermarnos para actuar, nos invita a fortalecer constantemente nuestros recursos internos y externos. Nos recuerda que la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino la presencia de bienestar.

En mi trabajo diario, este enfoque me ha ayudado a acompañar a las personas desde sus fortalezas, no desde sus déficits. A buscar qué funciona bien en sus vidas, no solo qué está roto.

La pregunta que me hago cada día es: ¿Cómo puedo ayudar a que esta persona, familia o comunidad desarrolle un mayor sentido de coherencia? y éso se lo debo en gran medida a Aaron Antonovsky.

Este sentido de coherencia funciona como un marco global desde el cual interpretamos las experiencias de vida, reduciendo el impacto negativo del estrés y promoviendo la adaptación positiva. Las personas con un SOC alto tienden a percibir menos amenazas, utilizar de forma más eficaz los recursos de afrontamiento y mantener una mejor salud física y mental, independientemente de la presencia de factores de riesgo o enfermedades.

Y aquí es donde mi trabajo cobra sentido profundo.

El modelo salutogénico se ha aplicado ampliamente en el ámbito de la promoción de la salud, la psicoterapia, la enfermería, la educación y las políticas sanitarias. Pero hay un campo donde creo firmemente que necesita aplicarse con mayor profundidad: las áreas verdes asociadas a instituciones de salud, educación y cuidado.

Imagina diseñar espacios naturales que intencionalmente favorezcan la comprensibilidad (ambientes claros y legibles), la manejabilidad (espacios que permitan autonomía y control) y la significatividad (jardines que conecten con lo que realmente importa a las personas). Esto es lo que me mueve cada día.

Cuando diseñamos espacios verdes desde esta perspectiva salutogénica, no solo embellecemos un lugar: contribuimos decisivamente al bienestar y a la resiliencia social de quienes los habitan y los visitan.

Creamos entornos que, literalmente, ayudan a las personas a mantenerse sanas.

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