Sé que cada semana parto con una pregunta, pero mi objetivo no es cansarte, sino reforzar eso que internamente sabes o que aun mejor, es parte de tu trabajo.
Así que…
¿Qué sucede cuando un jardín deja de ser solo un espacio verde y se convierte en un aliado terapéutico?
Hoy te contaré brevemente de estas tres dimensiones de un jardín sanador, salutogénico y/o terapéutico.
Con los años he aprendido algunas cosas, pocas en relación con la inmensidad que vamos descubriendo en torno a los jardines. Una de ella es la autoconciencia y que aunque lo parezca, no es un concepto abstracto. Es ese momento en que vuelves a conectar con quien eres, y créeme, en un jardín esto sucede de formas que nunca imaginé.
¿Sabes qué lo hace posible? Todos esos estímulos que normalmente ignoramos. El olor de la lavanda que te transporta a otro momento, la tierra entre tus dedos que te recuerda que tienes un cuerpo, el sonido del agua que te calma, los colores del otoño que te conectan con el tiempo. Es como si el jardín tejiera un mapa sensorial personalizado que te dice: “estás aquí, estás viva, esto es real”.
Los jardines se convierten en espejos vivos. Pero no de esos que te juzgan, sino de los que te reflejan con toda tu complejidad y belleza. Es el poder de volver a conocerte.
Pero no todo acaba allí…
Algo que duele en silencio cuando alguien atraviesa problemas de salud mental o física es la pérdida de autonomía. Esa sensación de que todo te sucede, de que ya no decides nada. Y ahí es donde los jardines sanadores hacen algo hermoso: te devuelven el control sin hacer ruido, sin presionarte.
No te dicen “tienes que ir por aquí”. Te muestran opciones.
Imagina un sendero que se bifurca. ¿Vas a la izquierda o a la derecha? Zona de sol o de sombra, ¿qué prefieres hoy? ¿Quieres actividad o contemplación? Cada decisión, por pequeña que parezca, es una declaración de autonomía. Y para alguien que ha perdido esa capacidad de elegir, créeme que no es poca cosa.
Y si hablamos de terapia hortícola 😉, ahí la cosa se pone aún mejor. Plantar, regar, cosechar. Cada acción tiene una consecuencia visible. Esa planta que crece no miente, es la prueba tangible de que puedes influir en algo, de que importas, de que tus acciones generan vida. Es autoeficacia en estado puro, sin filtros. Es, de alguna manera, sentir que tienes las riendas de tu vida en tus propias manos.
Y como una cosa lleva a otra, me acordé de mi primer libro (Jardines para cre-ser en familia) en el que comparto herramientas para escaparnos a la naturaleza en esta era de la distracción perpetua. Scroll infinito, notificaciones y ruido constante.
Hoy pareciera que la introspección se volvió un lujo casi inalcanzable. Por eso los jardines son tan valiosos, porque crean las condiciones perfectas para ese diálogo interno que tanto necesitamos pero que casi nunca nos damos.
Las plantas aromáticas te devuelven memorias de la infancia que creías olvidadas. Los ciclos de las estaciones te recuerdan que también puedes cambiar, renovarte, florecer otra vez. Es lo que llaman “reminiscencia terapéutica”, pero yo prefiero decirlo así: es reconectar con tu propia historia sin que duela tanto.
La jardinería te lleva al mindfulness sin que te des cuenta. Cuando estás cuidando una planta, estás ahí. Completamente presente. No hay espacio mental para esa voz crítica que rumia y rumia.
Solo existe el momento; la tierra, la planta, tus manos, tu respiración.
Y ahora quiero compartirte algunas ideas, porque no cualquier jardín hace magia. El diseño debe ser intencional, pensado, basado en evidencia. Te cuento algunos elementos clave según cada dimensión:
Si quieres trabajar la autoconciencia:
- Espejos de agua que inviten a la contemplación (no solo a sacar fotos)
- Plantas aromáticas estratégicamente ubicadas para despertar memorias sensoriales
- Zonas de reflexión con asientos realmente cómodos donde puedas quedarte un rato
Para fomentar la autonomía:
- Senderos con múltiples opciones de recorrido (que la persona elija su camino)
- Jardines elevados accesibles para que todos, independientemente de su movilidad, puedan participar
- Áreas de actividad graduadas: desde solo contemplar hasta meterse de lleno en la jardinería
Para cultivar la introspección:
- Jardines sensoriales que despierten los cinco sentidos sin abrumar
- Rincones de privacidad que te den tu espacio pero que no te aíslen del mundo
- Elementos naturales cíclicos que marquen el tiempo: árboles que cambian con las estaciones, plantas perennes que vuelven año tras año
Y ahora la pregunta más importante: ¿cuál es tu actividad favorita en el jardín y cuáles de estas tres dimensiones consideras que trabajas sin darte cuenta?
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🌿 Y recuerda: un jardín sanador no se improvisa, se diseña con intención y corazón.